Cuando fui seminarista sin asistir al seminario. (Otro breve texto ecléctico.)
Cuando fui seminarista
sin asistir al seminario.
Otro breve texto ecléctico.
De Luisfelipe Minhero (salvadoreño).
Reinicio mi actividad "socializante" de textos narrativos literarios (propios y ajenos), temporalmente agredida -digo la actividad “socializadora”- a causa del final del soporte del “Windows-10”… debo revelar que me ha sido muy difícil medio “adoptar” las incoherentes “novedades” que adornan el poco innovador “Windows-11”, alojado en la nueva computadora que adquirí el 13/octubre/2025, en una de esas ventas de chunches electrónicos, pobretarias pero poco responsables.
Así el vereque, la anterior entrada
la publiqué el 30/setiembre/2025 con la vieja computadora. Por fin ahora
vuelvo a socializar un breve texto de mi autoría -entresacado de otro- sin
carnaval pero… con la comparsa de una (1) foto de mi creación titulada “El
sabor de El Salvador” o “El que me salvés no es de mi incumbencia”.
Por favor hagan trizas texto y foto socializados, desde una ecuánime crítica literaria.
Atentamente,
Luisfelipe
Minhero.
Autor
Independiente Salvadoreño.
✊🏽✌🏽🛠⚒✌🏿✊🏿
P.D.
El monto de la descarga de mis trece (13)
libros en formato de e-book -publicados en Amazon KDP- es tan sólo us$76.66.
Vínculos con información de mis libros:
Página de Autor
Central: amazon.com/author/luisfelipeminhero
Blog: luisfelipeminhero.blogspot.com
Foto “El
sabor de El Salvador” por Luisfelipe Minhero.
Y a continuación el texto
reiniciador de la socialización literaria.
Cuando fui seminarista sin
asistir al seminario.
Por influencias y
deseos -y por qué no decirlo también por órdenes- de mi abuela paterna (o sea
la mamá de mi papá, su hijo único por cierto) nunca asistí al “Seminario Menor Pío XII”, católico, apostólico,
romano, salesiano y... no por capricho -aunque parezca- lo reconozco con toda
honestidad y sin ninguna mala intención o sea que fue por puros privilegios de clase y lo subrayo a propósito
a fin que no se dude. De todos modos los seminaristas -fuesen o no campesinos
de los más explotados- aparecían registrados como alumnos matriculados en el
“Instituto Santo Tomás”, el colegio salesiano que
impartía las clases a los varones de las familias con facilidades económicas,
desde el primer (1er) grado de primaria al tercer (3er)
curso de plan básico.
Ni en sueños hubiese
aceptado de buen gusto, pernoctar en un dormitorio colectivo, condición
inherente a mi calidad de alumno interno permanente en la gran casona -con
rasgos coloniales reminiscentes- del “Seminario Menor Pío XII”, que disponía de
dormitorios colectivos para los alumnos seminaristas, capilla, salones de
clases, jardines, baños, comedor colectivo y etcéteras necesarias. Sin más
salidas durante todo el año lectivo que a misa en catedral los domingos y
fiestas de guardar y eventualmente a un paseíto al oratorio festivo una onda
que me parecía bien salesiana, especie de quinta en los suburbios de la ciudad
de San Vicente, cerca de la estación del ferrocarril… las vacaciones de fin de
año escolar de eso se trataban y por obligación y se aceptaban como prestación
reivindicativa al gremio magisterial. Además, yo por las costumbres adquiridas
en mi familia no concebía privarme de la disposición
absoluta de un cuarto para mí sólo… no imaginaba pernoctar en un dormitorio
colectivo, escuchando y oliendo eructos, pedos y ronquidos ajenos.
No obstante gocé el
privilegio -facilitado por la fluidez constante de los aportes de mi abuela al
“Seminario Menor Pío XII”, en efectivo y especies- de recibir las cuatro (4)
órdenes menores entonces existentes: ostiariado,
lectorado, exorcistado y acolitado (dichas en la secuencia que se otorgaban
y recibían y conmigo no se dio la excepción), aunque nomás conllevaban
cualidades subordinadas a la liturgia. Yo, de alucinado percibía que me
prodigaban un exótico prestigio intelectual, sostenido por el alarde del latín
que aprendí hablar y del que presumía con no mínimo recato… decían las cipotas
que las tenía bien apantalladas y me imaginaban hablando en tal lengua muerta
con el señor obispo, don Pedro Arnoldo Aparicio Quintanilla cuando me invitaba
a su despacho, según ellas a tomar un vinito no de consagrar… adicionalmente
mientras ayudaba a misa, exageraba mis plantes con las funciones ceremoniales y
así despedía con cierto barroco aire un seductor encanto derivado del complicado ritual ceremonial, que aumentaba al
máximo en las misas episcopales, siendo su tramoya muchísimo más complicada...
yo bullía una rara mezcla de sex-appeal como joven empezando a emplumar e
inteligencia cultivada a escondidas… algo en mí ya empezaba a fluir sin control
y sentía ciertos picores lascivos en la parte baja del vientre enmedio de las
piernas, hacia donde se me quedaban viendo las cipotas del segregado colegio
católico, administrado por una orden de monjas mexicanas, durante la comunión no lo ocultaban, pues la mayor cercanía las
hacía notar tales detalles con mas lucimiento y hacían amagos como para tocar
la parte.
En San Vicente,
también existía un colegio católico-salesiano exclusivo para varones donde yo
asistí como alumno (aventajado por cierto, dicho con salesiana modestia) donde
cursé quinto (5º) y sexto (6º) grados de Educación Primaria y
primero (1º) y segundo (2º) cursos de Plan Básico. Los colegios
católicos segregados para cada uno de los dos (2) sexos aceptados como
naturales, empezaron a integrarse años después y se fueron haciendo mixtos o
heterosexuales, o... desaparecieron.
Debo advertir que la Iglesia católica-apostólica-romana -las abolió en el
concilio Vaticano II... celebrado durante ciento setentiocho (178)
reuniones entre el 11 de octubre de 1962 y el 8 de diciembre de 1965- digo las
órdenes menores y las misas en latín donde yo las ejercí, donde yo disfrute la
onda esa de ayudar en la liturgia de la celebración de las misas, escenarios
donde yo presumí a más no poder con las cipotas bonitas que asistían a misa,
incólume del haber o no, recibido las órdenes menores, entre 1955 y 1958,
cuando estudié en el colegio católico-salesiano para hijos varones de familias
acomodadas y de buenas costumbres.
Yo digo que el
concilio Vaticano II, contribuyó al surgimiento de la opción preferencial por
los pobres en la Iglesia católica-apostólica-romana y su plataforma ideológica,
la teología de la liberación.
Pero de teologar ni
intentar debe este texto y sí a continuidad debo referir los nombres de algunas
de aquellas cipotas -todas inteligentes y bellas- del colegio católico para
niñas, me parece no pone en peligro el secreto de la “orilla azul de la bacinica”
y por el contrario le da una cierta, exclusiva e íntima autenticidad al relato
y a la ciudad tropical -fundada como villa el 26 de diciembre de 1635 por
cincuenta (50) familias castellanas, por tanto a punto de llegar a los
cuatro (4) cientos años de edad- donde se inició la gestión de buena
parte de la insurgencia revolucionaria salvadoreña que fue surgiendo a partir
de 1968... menciono a las cipotas en orden alfabético, tal lo establecen los
buenos modales según los dictados del proletariado: Ana Gutiérrez, Ángela
Navarro, Blanca y Ester Saca, Lucía Aguilar, Silvia Chévez, Yolanda Ramírez,
Yolanda Rivas. Y ojalá no se molesten las que las neuronas insolentes no me
permiten recordar. Ignoro quienes sobreviven al día de hoy. Mis novias, nomás
fueron Ángela Navarro y Yolanda Ramírez, para nada ni tontas ni locas. Cuando
algún día visite Madrid, que me he prometido no moriré sin conocer, le diré a
mi nieto castellano me acompañé a comprar unas chistorras, aun sean de origen
navarro, para regalar a las sobrevivientes. No me las imagino viejitas y menos
artríticas, cascarrabias y diabéticas.
Debo plantear -a fin
de contextuar el surgimiento de la guerrilla revolucionaria salvadoreña en el
siglo XX- la creación allá por 1967 en San Vicente del movimiento
político-cultural “Brigada la Masacuata”, una (1) de las tres ((3)
estructuras orgánicas que desde 1969 se concertaron y concentraron en la
fundación del original y lúcido Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)
y de inmediato proceder a realizar operaciones militares sencillas en ese modo
de “pegá y corré”, fundamentalmente en San Salvador y propias de una incipiente
guerrilla urbana. Este original ERP fue una (1) de las dos (2)
primeras (1as) organizaciones político-militares que se
establecieron a principios de los ’70 del siglo XX en el país(ito), la otra fue
la promovida por el Secretario General del entonces Partido Comunista de El
Salvador (PCS), que decidió disentir de las líneas del metro de Moscú
anegadas con las corrientes revisionistas y… en la nueva organización -el
camarada Saúl- llegó a ser el Cmte. Marcial.
No es casual pues, que
las únicas ciudades que no en simultáneo, han sido capital de una de las
versiones ideológicas más adelantadas de la República Federal de Centro América
son San Vicente y San Salvador. Ahora… hoy… forman parte de la República de El
Salvador, ocurrencia esa establecida entre la disgregación formal de la corona
española con hartos vaivenes de bandazos políticos de derecha reaccionaria a
dos que tres (2 que 3) intentonas de centrismos democraticones, para
hundirse en la actualidad en la sima cada vez menos democrática y más espuria.
Con la onda de ayudar
en el ritual de las misas, no perdí mis encantos y prestigios, por el
contrario, se hicieron más notables.
A fin de reducir la
disgregación pedagógica de mi instrucción formal, las clases de educación
primaria, las recibía en el colegio administrado por la misma congregación
(asesorada por mi abuela con sus sutiles formalidades), que también
administraba el seminario menor. No obstante tal peculiaridad estudiantil
ostentaba sin decoro un privilegio más de las familias más rancias de la clase
social dominante, desde la fundación de la ciudad hacía ya más de tres cientos
(300) años. Todos esos privilegios que ostentaba en un ámbito
provinciano, los asumía -sin mayor entusiasmo- como al revés y contradiciendo a
mi autoritaria abuela paterna, pues así consideré me prepararían mejor y más si
ocurría de inconsciente manera... y me llegó el desparpajo emocional de la explosión
hormonal de la pubescencia y los planes de vida -dispuestos por mi abuela para
mí y para mayor gloria de dios uno y trino- no pasaron de eso y dejó de
gustarme el vivir en la casa solariega con mis padres y hermanos.
Me fue ineludible
trasladarme a la capital San Salvador y durante varios años residí como pupilo,
al principio en la casa de unos parientes no muy cercanos y de alguna alcurnia,
donde me encontré con una prima bien bonita y con unos siete u ocho (7 u 8)
meses de edad menor que yo. Como pupilo, pagaba por la alimentación y una
habitación en exclusiva con limpieza incluida tres (3) veces semanales,
amoblada con armario, cama, un par de sillones y baño con tina. La ropa sucia
la enviaba por encomienda cada semana a la casa solariega en San Vicente.
Buenos recuerdos guardo de mis experiencias pupileras, una de ellas dio fin a
mis inocentadas pueblerinas.
*********************************************
Luisfelipe Minhero.
Autor Independiente
Salvadoreño.
Blog: luisfelipeminhero.blogspot.com
Página de
Autor Central: amazon.com/author/luisfelipeminhero
Acorde al vereque (nacional e internacional) que se despliega, me permito socializar este breve texto de mi autoría -entresacado de otro- sin carnaval pero… con la comparsa de una (1) foto mía titulada “El sabor de El Salvador” o “El que me salvés no es de mi incumbencia”. Por favor háganlos trizas, tanto el texto como la foto. Quedaré muy agradecido.
ResponderEliminarAtentamente,
Luisfelipe Minhero.
Autor Independiente Salvadoreño.
Página de Autor Central: amazon.com/author/luisfelipeminhero
✊🏾✌🏾🛠️⚒️✌️✊