Fragmento de mi novela “Operación baby”. Texto inspirado en la “Primera (1ª) Ofensiva Final”.
Fragmento de mi novela
“Operación baby”.
Texto inspirado en la “Primera (1ª) Ofensiva Final”.
De Luisfelipe Minhero.
En esta novela rememoro hechos históricos como la “Primera (1ª) Ofensiva Final”, que lanzó el FMLN a menos de tres (3) meses de constituido como estructura federativa nada leninista. El libro lo publiqué el 22/noviembre/2015 y en el país(ito) lo presenté el miércoles 12/julio/2017 en el Colegio Médico de El Salvador con los auspicios de la Asociación de Médicos Escritores (ASME). El comentario crítico-literario estuvo a cargo de mi gran chero, poeta, antropólogo y médico Dr. Mauricio Marquina.
Atentamente,
Luisfelipe
Minhero.
Autor
Independiente Salvadoreño.
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P.D.
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Mauricio Marquina.
Operación baby.
Fragmento del Capítulo
I: La ofensiva final.
De barato, cuando menos desde hace unos
dieciocho meses, despacio y sin pausar se viene rellenando, ella dice que de
hermosuras tangenciales a su proceso de proletarización científica. En realidad
se infla con gorduras inapropiadas e inoportunas en cualquier esforzado
proletario trabajador. Alega no tener explicación con la causa de tales
preciosuras pero las justifica diciendo que son de nuevo tipo y de especial
encanto para los obreros. ¿Serán?, difícil a mi modesto entender que tales
gorduras sean nuevo motivo de embeleso para la clase obrera en este país(ito)
de hambres ancestrales, en particular para los trabajadores de la construcción
-mayoritario segmento del exiguo proletariado salvadoreño- y más en especial
para los maishtros de obra, la aristocracia del sector y con más ingresos
económicos con que acceder a más ingresos calóricos precedentes a la
equiparación de hermosuras adiposas con la Venus oronda y viva de Cuscatlán.
Aunque se le resolviesen como divinas gorduras renacentistas, le serán impropias
e inconvenientes a su excelsa condición de joven y sacrificada guerrillera
urbana. Dice que no descifra el por qué de tan voluminoso aumento en sus masas
populares, también muy apetecidas entre los proletarios choferes de los buses
de las rutas urbanas, con los que el reaccionario sector empresarial del
transporte traslada a la incipiente clase obrera por la capital. Según su
decir, adicionales arrobamientos le manifiestan los choferes de las rutas 5, 7
y 29 que le silban al pasar y no le cobran pasaje.
Ella muy autocrítica, por supuesto del diente
al labio, acepta en las reuniones de la célula que sin duda le estorbarán y
causarán problemas de movilización y más a propósito de eventual complicada
retirada luego de fallido recupere de alguna pistolita “Astra” calibre 22 a un
sereno que saliera respondón y poco obediente y nada convencido de su calidad
de guerrillera urbana.
No tardó en aparecer el esplendor de la verdad
cuando se dio el caso de la guinda apremiada, esperada y temida por mucho
tiempo, a fin de esquivar la confrontación con una patrulla de la cuilia
aparecida de súbito muy cerca de la escena del recupere y las nuevas
adiposidades le hicieron muy engorrosa la retirada. Línea de combate en la
etapa inicial de sobrevivencia guerrillera era evitar, sin rehuir, el combate
directo con la cuilia.
El verso que ella siempre canta es que muchas
veces ni tiempo para almorzar tiene y que la cena de plano ya se la quitó en
solidaridad con el mítico proletariado de la campiña salvadoreña. ¡Resistente
la costra de la ideología burguesa que ella intenta desechar por la causa
proletaria! Para evitar especulaciones confusas sobre el origen de su más
reciente gordura, casuística y enfática, pregona que por ahora ni marido tiene.
"Desde que cayó mi compa ni bromeando he vuelto a pensar en aquello, allá ustedes
si lo creen". Explicaciones gratuitas y vanas que ni la Madre Chepita, tan
basta de humanidad, toma en serio y esto que la Madre Chepita, por amor a Dios
y al prójimo reside y trabaja en El Despertar y colabora con la Revolución que
se intenta aquí, en este país(ito) reciente sede del frívolo “Miss Universo”
con el que ganó un asombro más a sus góticos contrastes.
¿Puede un marxista-leninista como yo, amar a
una monjita como las de El Despertar... pero amar tan de verdad al grado de
procrear? Me parece que sí.
Sospecho que la Gorda no es la ácida asceta
proletaria que pregona ser. ¡Cómo no va a engordar si desde que se levanta se
dedica a tragar! ¿Cómo se hartará esta puta? se preguntaría el destacado
general de la guardia nacional ejerciendo su laberíntica y fascista deformación
castrense, antes de ordenar a sus guachimanes en plan de esbirros, sacarle a
pura verga una “válida” confesión extrajudicial en la intimidad de clásico
salón de torturas, bien en el cuartel de la policía de hacienda o bien en el
palacio oscuro de la policía nacional.
Nomás para darse la idea de los atracones
diarios de la Gorda, expongo someramente su diario y típico desayunar:
platanitos fritos, frijoles volteados, queso y crema, tamales de azúcar y sal,
huevos estrellados con chirmol, cemita alta bien mieluda, leche con café Listo
instantáneo. ¡Todo esto sólo para el arranque antes del diario deambular por el
mundo peliagudo y cruel de la ciudad capital y sus alrededores proletarios! Por
avatares imprevistos que se puedan presentar, en el camino de la casa a la parada
del bus, compra algo de comida chatarra como churritos, maní salado, papas
colochas, tor-trix y bolis de piña. Alega que es su estratégica reserva, por si
no le quedara tiempo de almorzar.
Ya subida al diario batallar guerrillero, al
paso por la plaza Hula-Hula, no perdona unos dos jot dog con una gaseosa uva
tropical, dice que así se chequea sin llamar la atención. Si le sale al paso
una vendedora de “mango tuis” no se negará a la oportunidad. Con la coba de
despistar al enemigo cuando anda ahí por el parque de la Centro América, pues
atalaya al sorbetero de carretón y le cae a un sorbete doble con jalea de
fresa. Ahí la justifico porque son los mejores sorbetes del mundo. A la pasada
por San Miguelito se mete al mercado en busca de buñuelos, nuégados y chilate;
nuégados y buñuelos bañados con miel de dulce de panela que le endulzarían la
vida al amargado obispo de San Vicente.
A esas horas -con lo que ella ha tragado- el
día me honraría con hiperácidas agruras vaticinantes de males mayores y tendría
que vomitar.
Pero antes de los nuégados y buñuelos, con
cualquier paja ya fue a Mejicanos para entrarle a su porción habitual de yuca
frita con chicharrones o pepescas sobre un lecho de carminativo curtido de
repollo, zanahoria, chile picante y coliflor. Ya para terminar el día, bien en
Santa Tecla o bien en los escarpados Planes de Renderos, por lo bajo le hace el
tercio a unas pupusas revueltas acompañadas de humeante chocolate cuya
fragancia pregona su afrodisíaca esencia garantía flagrante de éxito en lances
de amor.
Si la hora del crepúsculo la coge por Santa
Anita pues los panes con chumpe con algo de beber como un fresco de ensalada,
la salvan de la inanición y le evitan llegar a la formalidad de cenar.
Esta rutina alimenticia sólo la cambia cuando
va al interior. Por ejemplo si va al oriente, digamos a San Miguel, a orientar
nuevos reclutes con las novedosas formas de lucha y formas de organización
revolucionarias, ahí nomás en Cojutepeque se pasa atracando y aprovisionando de
salchichones y butifarras de los que desde antaño gozan de fama nacional. Al
llegar al desvío de San Vicente una buena sarta de carnitas de tunco con
tortillas de arroz o riguas recién sacadas del comal son su deleite espiritual.
En esa encrucijada su glotonería la hace flaquear y rompiendo las medidas de
seguridad entra a su natal San Vicente por arroz negro con salpicón o sopa de
frijoles con carne de tunco y pone en peligro a toda la incipiente organización
guerrillera.
Los tamales ticucos, preñados de chiltomates,
ejotes y chacalines en salsa, la hicieron delirar y justificar incursiones a
Nahuizalco con el cuento de reiniciar la insurrección ancestral de las
indígenas masas populares, cuyo último intento –fallido- ocurrió en enero del
año 1932.
En Santa Rosa de Lima, los enredos de queso le
enredan los pasos y el discernir pero le resultan sólido aliciente ideológico
con que enfrentar imprevista adversidad. Los totopostes, en varios pueblitos de
La Unión, le resultan un aliciente adicional.
La sopa de patas de Lourdes Colón, las
vicentinas tortitas de camote, la conserva de semillas de marañón de
Zacatecoluca, el queso duro-viejo de La Puebla; son algunas referencias que
guían sus puntos cardinales en su peregrino vivir para comer. Sí que es
folclórica y hasta vernácula en el comer. ¡Oh la Gorda, qué cosas tiene la
Gorda! Formalmente no almuerza ni cena. Es un sólo tiempo que hace sin parar de
seguro pensando en los muertos de hambre del país(ito). Por supuesto que tales
extraños caminos de la revolución social la están convirtiendo en toda una
gurmet de la cocina criolla. Aunque en estos tiempos de cierta efervescencia en
las luchas obreras es tan peligrosamente llamativa por su rotundez y además, la
cocina criolla no es el esfuerzo principal por muy popular que sea. Los
cachetes sin caché y las nalgas sin corsé ya no le caben en el universo
sensorial de la conspiración política en la principiante guerrilla urbana. Todo
lo llena con su desenfrenada figura, puede que sea artística y monumental para
Fernando Botero, pero en la guerrilla es inapropiada y estorbosa para conspirar
y organizar y guerrear. Es una masa de panículos adiposos que no encandilan a
las masas populares. Indetenible va adquiriendo el “mal del tordo”: patas
flacas culo gordo.
Hasta ahí, todas las disquisiciones culinarias
de la Gorda las oía y nada más las plantaba en mi interior. Bien nais navegaba
evitando salientes de su orografía corporal y todo devenía en puro amor y paz.
Sin clavos. “Últimamente estás bien
bromisto, compa” me decía con una sonrisota lunar capaz de eclipsar al sol.
El vereque tipo guerra fría entre ella y yo, pienso se originó cuando incauto e
inocencio la empecé a casaquear para que bajara de peso. ¿Y para qué si no me
la pedía el corvo, o sea que no me la demandaba el deseo? Es decir me valía
chonga su opulenta gordura. Y se creyó que todo ese casaquear era porque yo me
la quería trincar y por mi madre juro que no. El acabose fue cuando yo muy
tranquáis le digo: "yo a vos te amo como hermana y te quiero como
compañera de lucha, o sea que no es por aquello que te digo que bajés de
peso". Fue allí que se calentó el conflicto al grado de ebullición y me
respondió con una animosidad poco marxista-leninista y desde entonces la
inquina no ha parado. De la recíproca y aparente fraternidad no queda casi
nada, apenas flotan restos en el “Mar de los Talegazos”. Las dificultades y los
peligros compartidos en los comienzos son telarañas para el rencor. Y me
valdría madre esa diligente dedicación represiva de la Gorda contra mí. Pero
por cuestiones sustentadas en la ideología del proletariado no carente de
política sexual, mis convicciones respecto a la gordura desde mucho antes eran
y siguen siendo ina-mo-vi-bles.
Independiente de la confrontación personal
entre ambos, yo empecé a descubrir situaciones y hechos con rasgos alarmantes y
relacionados a manejos raros de la Gorda en los que percibía algunas movidas
turbias en las finanzas, ya no tan magras de la organización a partir de la
“Operación Héroes”. Ella se eludía con la aplicación de correctivos para
enmendar malandanzas de nuevo tipo moral pretendiendo estar sentando
precedentes disciplinarios dedicados a los pocos confiables burgueses como yo.
Oportuno es mencionar que dado los azares vitales de la clandestinidad, la
organización estaba convertida en millonaria arca abierta para el peculado de
justos e injustos.
Los turbios manejos, dado el rescoldo amistoso
del ayer, se los comenté en privado y en voz bien bajita con la esperanza que
me daría una somera y satisfactoria explicación. Para qué quiso más. Se le
espesó y atrabanco el rencor y empezó con chinitas indirectas y chanzas
directas a modo de simbólicas y no tan simbólicas señales y amenazas.
Algunos de esos simbolismos los insinuó el 2 de
noviembre, mero día de los fieles difuntos. Allá yo si captaba algo más del
significado explícito de la candente amenaza verbal, por lo demás clara
declaración de guerra. De entonces para acá ha sido una permanente ofensiva
panfletaria, incluso con escritos anónimos como acarreados por el viento del
norte. Quería decirme algo sin decirlo y con bastante impunidad. El contexto de
tales recordaciones mortuorias me dejaba bien entendible las criptográficas señales.
Parapetada en su nivel orgánico, ocultó el enfermizo rencor y distrajo la
atención de la dirección nacional con un diversionismo organizativo político
diletante dirigido contra mí. La Gorda llegó a plantear que si yo llegaba a la
reunión, esa que el Tatarato se vio obligado a convocar con el pendejo mote de
“ampliado de dirección”, ella inmediatamente daría la vuelta y se retiraría.
Yo, en mi papel de caballero proletario, sigo pensando que la Gorda actuó así
por el supuesto desaire de amor que le hice. Yo no computaba que su gran temor
era que sus movidas pecuniarias fueran reveladas en el tal “ampliado de
dirección”.
El compañero Chiquitón, asistente al mencionado
“ampliado”, me confió que había perdido la única posibilidad de denunciar a la
Gorda y salir con vida. Ya superado el temor de ser descubierta, la Gorda con
tozuda insistencia pidió mi degradación y traslado a cualquier lugar lejos de
la capital. Comprendí que sus intenciones eran que en Santa Ana me quebraran el
nance. Ni un pinche cortaúñas ni una pieza de mesón donde pasar la noche me
procuró la Gorda con la estructura orgánica santaneca. Llegado el momento,
fingiéndose Magdalena, la Gorda anunciaría mi “heroica caída en combate” y
callaría para siempre todo lo demás. Gorda y oronda cerraría el caso.
Así las cosas, para cumplir la arbitraria
orden, me vi obligado a pedir tres meses de licencia sin goce de sueldo en mi
trabajo legal con el que cubría mis necesidades personales y apuntalaba las de
mi casa. En ese entonces todavía laburaba para una Fundación de las “Catorce
Familias” dueñas del país(ito). Por dicha en la Fundación ya había hablado de
una nebulosa posibilidad de una corta beca o pasantía en el exterior y no
fueron renuentes ni inquisitivos, claro en consideración que estaba recomendado
por un funcionario de la CEPAL y sólo había adquirido el compromiso de laborar
un máximo de cuarenta horas al mes y sin horario fijo. Pasaba casi como macho
sin dueño y esas cuarenta horas las podía cumplir en una semana del calendario
gregoriano y regresar hasta el siguiente mes. Ni el KGB me podría haber
fabricado mejor pantalla con tan buenos manto y leyenda. ¿Cómo putas iba a
despertar sospechas en la ciudadanía y a la cuilia? El imaginario policial
considera imposible que un marxista subversivo, un comunista radical, un
revolucionario profesional, un incipiente guerrillero urbano, un agitador
avispado, trabajase y con algunas prerrogativas en una Fundación de las
“Catorce Familias” dueñas del país(ito).
Bueno, la cosa es que ya en Santa Ana, al
término del primer día e inmediatamente después de la reunión de presentación
de credenciales al mando zonal a la que me llevó la Gorda, para salir de la
casi total indefensión en que me encontraba lo primero que hice fue buscar a mi
chero del alma Tono Peñate. Se me había ido el nudo del culo hasta la manzana
de la discordia cuando me enteré que la reunión había sido en la casa de la
hermana del Negro Mario, la endamada con el subdirector de la cuilia local. Del
hijueputa cuilio subdirector supe que se ufanaba de siete damas, además de la
hermana del Negro Mario. ¿Para qué más sospechas y temores? Era riegue en el
vecindario que la casa la ocupaba un escuadrón de la muerte, tanto que dos
semanas después fue ametrallada por supuesta gente del ERP. Desde la aciaga
reunión yo no había vuelto al malhadado lugar, porque bastaron cinco minutos de
conversación con Tono para resolver necesidades de casas, comidas y
movilización. ¿Qué más podía pedir a fin de volatizar las fúnebres esperanzas
de la Gorda?
Ella de muy encachimbada magdalena, me exige
las direcciones y los teléfonos de mis colaboradores en la ciudad. Enfadado y
con las palabras tiradas en tropel le respondo: “mirame la seña y no jodás, te
acepto todas tus mierdas menos que pensés que soy pendejo, cómo imaginás que
voy a acceder a tan tonta pretensión tuya, ¡por la grandísima puta, cara de qué
me has visto! ¿no furulás que el simple hecho que vos y el Negro Mario ignoren
mis metederos y mis conectes es mi mínima garantía de seguridad aquí y tu hostilidad
no pasará de intenciones? Debo minimizar la posibilidad que la cuilia me coja y
menos parado o cagando, aumentar mi certidumbre de seguir vivito y culiando,
¿me entendiste? y si no pues es tu clavo y me vale once mil veces verga”.
La onda es que; además de los sentimientos y
actitudes de animadversión, de ojeriza y de mala voluntad existentes desde hace
ratos que se fueron desarrollando en recíproca dirección no sé desde cuándo y
por qué; la desconfianza mutua era evidente y en mí al poco tiempo empezó a
tener fundamentos objetivos. Extrañamente a la mayoría de conectes que se
tenían con la gente del Negro M...ierda, ocurría que la cuilia (cuando
aparecían uniformados) o los escuadrones de la muerte (cuando llegaban de
civil) se instalaban anticipadamente ocultos en el lugar del conecte. Se
emboscaban pues. En tan fatídico trance, obvia y decididamente sin vacilación
era de armar una abundante y ruidosa balacera y a pijazos limpios y sin
parapetos y entre relámpagos de victoria salir en guinda.
Pasado el trago amargo de la emboscada enemiga
eran de rigor los comentarios y análisis casuísticos en el colectivo a mi
cargo. El desánimo se disolvía libando varias amargas bien frías con granitos
de sal y gotas de limón. Despacio desaparecía el susto y se avanzaba a una
clara conclusión. Conclusión que llevó a plantarme el firme propósito de cortar
por lo sano el descontrol del cada vez más claro infiltre enemigo y a
diligenciar salir del error de estar en la “Ciudad Morena”, así le dicen los
locutores deportivos a la ciudad de Santa Ana y hasta hoy no sé por qué putas.
Iniciado lo primero, decidido a todo me aplomé de nuevo en Santa Tecla con
intermitentes visitas a Santa Ana. De esa manera volví a disfrutar casi a
diario el crecimiento de mis hijos y regresé a mi chamba legal en la Fundación.
En tanto preparaba la exposición de mis
argumentos al Tatarato y después al pleno de la dirección. Tal vez no me
sancionaban con el fusilamiento, aunque el correctivo templario-cartujo
inherente a mi desplante por nada del cielo y de la tierra me lo iba a quitar.
Ya en el Gran San Salvador, en el que los
urbanistas gubernamentales incluyen a Santa Tecla, por intermedio de Santiago y
del Chiquitón me fui enterando de un existente y creciente malestar al interior
de la organización guerrillera pese a su abundancia de medios por su condición
de millonaria en dólare$ imperiali$ta$ obtenidos a sangre y sudor sin llantos.
Malestar que se vino agrandando con la acelerada e imprevista convocatoria al
“ampliado de dirección” que fue considerado un pretexto burdo y bajero del
Tatarato para eludir la convocatoria y realización del Consejo Nacional de
Delegados. El malestar político interno era ampliado por los recientes
desatinos estratégicos y los desvergues tácticos de la Dirección Nacional.
Desatinos y desvergues, ya muchos para ser ignorados. Para muestra recuerdo
algunos: el descalabro de la ignorada Batalla de Acajutla, la plancha con los
chilenos del MIR que vinieron a dar escuelas militares, la retirada de la DRU,
el apagón nacional ejecutado por STECEL, la prepotencia y la miseria humana de
los cuatro de la Dirección Nacional, la pésima administración del pisto
recaudado con los impuestos de guerra, la desaparición de la avioneta bimotor,
con experimentado piloto y “notables” viajeros, cuando volaba sobre un mar del
sur sereno y tranquilo frente a Nicaragua.
Esos y otros desvergues más no tan notorios, se
han venido acumulando y creando contradicciones para provocar un aluvión de
conspiraciones internas.
Es pobre ilusión del Tatarato creer en milagros
y esperar que en poco tiempo las contradicciones se concilien y de callada
manera todos los problemas internos se solucionen.
Así la Gorda, con toda desfachatez tuvo la
ocurrencia de plantear su condición única para participar en el ya convocado
“ampliado de dirección”: que yo ni me atreviera rondar a menos de tres leguas a
la redonda del lugar de la reunión y sus airadas peticiones insistieron con
gorda terquedad. “Redonda mi verga que jamás entrará en su redondo culote y
vaticino que no sólo peso va a perder la maje”, tal pensamiento lo enmarqué con
elocuente sonrisa al escuchar la confidencia del compa Chiquitón hacia mí que
finalizo con solidaria frase de “No te preocupés compa que yo te ayudo a
resolver tus vereques con la Gorda”.
Debo admitir que el Tatarato se salió por lo
pronto con la suya. Apuntaló la convocatoria sobre el tango que el recién
fundado “Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional” decidió, en
nuestra ausencia unitaria, lanzar la ofensiva final entre noviembre y enero.
Salidos de la recién disuelta Dirección Revolucionaria Unificada (DRU) se pasó
a constituir el FMLN, la RN quedó silbando en la loma viendo pasar el tren y
por lo mismo fuera de la revolucionaria jugada unitaria.
El 2 de octubre de 1980 dejó de llover y se empezó a configurar una
agradable canícula mas los azacuanes que presagian la inminencia de la estación
seca, no se hicieron presentes y el 18 de octubre volvió la lluvia y con más
intensidad. El interín que estableció la canícula estableció mejores
condiciones y justo el 10 -a mediados del fenómeno meteorológico- fue fundado
-por tres organizaciones- el Frente Farabundo Martí para la liberación Nacional
(FMLN). Muy
avivado el Tatarato dijo: “no nos queda
más remedio que aceptar lo decidido por las FPL, el PC y también el ERP
respecto a la Ofensiva Final, así que hasta antes de enero nada de Consejo, más
bien les aconsejo que no distraigamos esfuerzos en pleitos intestinos, ya habrá
tiempo a finales de febrero después del triunfo y a lo mejor entonces los
agravios estén proletarizados y hasta olvidados”.
La preparación de la ofensiva final jalaba tan
fuerte que todos cedimos, no sin consideraciones como que si de aquí en cinco
meses, que se cumplirían a finales de marzo, no se lanzaba, pues no habría
ningún pretexto válido y se tendría que convocar sin dilaciones al Tercer
Consejo Nacional de Delegados. En el ambiente pre-ofensivo quedaba oculto y
bien escamoteado el deseo de desquite y voladuras de cabezas y actos políticos
similares de sano juicio proletario y de saludable justicia revolucionaria. En tanto
el Tatarato se preparaba para instalarse en la Managua sandináis tal cual, dijo
en el “ampliado”, hubo ordenado el Frente a cada dirección nacional de las
cinco organizaciones constituyentes del recién fundado FMLN. “Por lo menos cada
Secretario General/Comandante en Jefe y por supuesto su comitiva de apoyo debe
instalarse en Managua”.
Dicho y hecho. Las metáforas pasaron a órdenes
militares y en dos meses llegó el día de iniciar la ofensiva final. Las horas
de la víspera se fueron sintiendo con un moroso y lento transcurrir propio de
la subjetividad humana cuando se intuye la proximidad de una catástrofe.
Diferencias en el humano percibir de los tiempos que envuelven a las almas y
revuelven el entendimiento. El tiempo cronológico siempre igual: días de
veinticuatro horas, horas de sesenta minutos, minutos de sesenta segundos. El
tiempo psicológico alargado por los minutos y las horas en trepidante espera.
El tiempo político imposible de determinar pero desfasándose más de la
efervescencia combativa de las masas obreras, en declive por la represión
desatada por la dictadura militar en escalada fascista. Algo no lograba cuajar
en los planes. Así fueron las horas y los días previos al inicio de la ofensiva
final.
Con esa mezcolanza de tiempos incidiendo en mi
ser, trataré de croniquear mis implicaciones en la ofensiva final. Con tales
implicaciones pesando en mi alma, llegaría a los hechos que me ataron a la gran
aventura tica, aventura que cambiaría todo mi ser.
ENERO
1981, DÍA SÁBADO 10. ¡¡¡Por fin!!!.
0600
horas:
termino mis diarios aeróbicos, un elegante chicharrón por lo demás extenuante;
luego me baño y enseguida procedo a darme una suculenta y proteica comida que
bien puede ser mi último desayuno... la mañana despierta algo displicente por
lo tarde que sale el sol tropical en estos días... la semana antepasada, a
propuesta de Santiago, me dieron dos opciones... una, quedarme como “enlace
estratégico” entre la capital y el “puesto de mando” metropolitano, que se
instalará en una casa prolijamente acondicionada en las afueras de Apopa... la
otra opción es incorporarme al “puesto de mando” como encargado de información
e inteligencia militar... cuando me referí a las opciones dije "me
dieron", porque así doy una idea más clara de la "ubicuidad" con
la que actúa la casi todopoderosa Dirección Nacional, siempre en vigilia,
atenta a quien hostigar... esa condescendencia hacia mí en un momento tan
crucial, me ha dejado la impresión de que la Dirección se percató que en verdad
la Gorda quería joderme... como que flota un airecito de arrepentimiento,
perdón y olvido... yo decido, por un eventual sueño de efímera gloria, quedar
en el "puesto de mando" participando del inminente primer triunfo
nacional de la lucha armada revolucionaria camino al socialismo...
0700
horas:
me entera el Chiquitón y no me extraña, que todavía tengo que ir a dejar a
Santa Ana a dos oficialitos de academia rusa recién llegados ayer, casi
directamente de Moscú, con las teorías militares más novedosas y avanzadas para
una guerra en los Balcanes... estos van de asesores del "puesto de
mando" occidental... "pues sí, como vos has estado en Santa Ana y
conocés a los compas de allá", me dice el Chiquitón queriendo apañar el
desorden... "y lo tenés que hacer bien al chile de modo que a las 1715
horas a más tardar estés por la Atlacatl en camino al puesto de mando de la
metro"...
0930
horas:
el viaje de entrega a Santa Ana lo hice en un poco menos de dos horas, ida y
vuelta... de nuevo en San Salvador veo a Marcos, otro bisoño oficial de los
recién llegados de la “Madre Patria”, la socialista y soviética... el propósito
del también inesperado conecte es entregarle una pistola de las que
supuestamente le sobran al "puesto de mando" metropolitano... pero
resulta que la única pistola que tengo es la que hace unos siete años me regaló
mi hermano, cuando vino de visita de los EUA... accedo a entregarla en calidad
de préstamo atenido a que he llevado a la casa del "puesto de mando"
en las afueras de Apopa tantos barriles cerrados, imagino con toda clase de
armas cortas y largas de infantería y muchísimas municiones y explosivos
industriales, que no voy a perecer por la más mínima escasez en el fragor de
las batallas que se anhelan... ¡es una súper Colt 45 chivísima!, con cacha
cubierta de carey y filigranas de oro y en el punto de mira un rubí... es una
Colt de colección bien plantosa en cualquier estado mayor...se la prestaré al
bisoño y ojalá no la pierda y me la devuelva al día siguiente del mitin
triunfal en la Plaza Libertad...
1100
horas:
el Chiquitón me dice que tenemos que llevar un último viaje de barriles de una
bodega en La Rábida al "puesto de mando" metropolitano... ¡por la
puta otra improvisación casi jazzística y después se preguntan por qué jodo
tanto!... pero la hora es propicia dado el mayor volumen de tráfico en la
Troncal del Norte, que casi llega a trabazón vehicular y que distrae la
atención de la cuilia desde la colonia Atlacatl en delante... el viaje se hace
sin ningún clavo pese al nerviosismo de nuevo tipo que se asienta en la médula
espinal...
1430
horas:
debo a mi suerte la gratitud eterna a lo inesperado de un regreso a casa
encubierto en el procedimiento urgente e inopinado de guardar el vehículo que
utilicé en la improvisación jazzística de hace un rato, siendo propiedad de un
colaborador de confianza y leal sabrá esperar la devolución cuando noticias de
mis andanzas lleguen a casa y yo mismo regrese triunfante o derrotado... sin
embargo ahorita se me empañan dicha y felicidad porque los cipotes no han
vuelto del colegio... en casa sigue todo con la normalidad de todos los días...
ojalá regresen pronto los cipotes y los pueda ver antes de volver a salir, a lo
peor para nunca regresar... de repente caigo en la cuenta que estoy solo con mi
mujer y que el hambre se me ha ido y la taquicardia con que amanecí es más
intensa... sin hambre de comida la libido se me alborota...
1433
horas:
por la espalda de ella me aproximo al sexo contrario... ¡bendito sexo
complementario!... le doy un beso lambisqueado en la nuca con el que impulso
más el deseo... estigmatizo el inicio donde la lengua empieza el trepidante y
trémulo camino... no obstante ambos intuimos una despedida... con cálida
habilidad voy desabrochando los bluyines... meto mano donde se enredan los más
agudos suspiros y los gemidos más urgentes... mis dedos empiezan a percibir la
ardorosas humedades... mi columna de llamas etéreas prende el fuego e incendia
el bosque de seculares matas capilares entre las colinas de glúteos
territorios... desde ese instante, ella y yo, afanosos nos buscamos con la
intensidad apremiante de saber y querer ignorar que este acto íntimo puede ser
el último entre los dos... el fin en la ejecución de la novena... la conclusión
de la sinfonía... más pronto de lo esperado y deseado en estos instantes, el
alborozo se derrama reiterando la primera noche del tálamo nupcial al momento
de la ruptura del himen como constancia de la seducción... fijando los sudores
de un cuerpo a otro, enajenados llegamos a la sacudida total de cada una de las
auras... accedemos al gusto que deleita a todos los poros y provoca la
felicidad eterna del instante... una y otra vez entro a la médula del placer
derramando vitales líquidos... se agota la infinita brevedad de los tiempos de
que disponemos... todavía en llamas, sin haber conseguido sofocar las pasiones,
nos vestimos apresurados... a modo de conjuro que asegure un pronto regreso,
algo dejamos pendiente... es un acto de beatífica sodomía que ambos gozaremos
en el reencuentro...
1657
horas:
dentro de cinco minutos debo pasar por el Chiquitón que sentado muy
chiquitonamente en las gradas del atrio de la Iglesia Don Rúa estará
esperándome, no a la sombra de cerezos en flor, sino del acicular campanario
del templo... no sé por qué me acuerdo de Amanda caminando sobre calles mojadas
de esperanza... quizás porque muchos no volverán...
1731
horas:
el Chiquitón y yo llegamos con un minuto de retraso a la casa, que supongo
prolijamente acondicionada, donde se instalará el "puesto de mando"
metropolitano a dirigir la parte de la ofensiva final que le corresponde y eso
incluye el accionar en la misma capital... los dos habíamos sido programados en
llegar de último... ahorita quedan justos veintinueve minutos para que se
inicie dicha ofensiva final y pienso que hay tiempo para un café y de ser
posible algo más como unas dos pupusas o un pedazo de cemita...
1732
horas:
lo de prolijo acondicionamiento nomás al entrar queda superado y no
precisamente con mesura... totalmente apantallado y luceado admiro la casa
ahora convertida en casa-cuartel... la tienda que sirve de pantalla parece un
surtido mini súper de la burguesa colonia Escalón, hecho por lo demás un tanto
llamativo en el entorno de pobreza refinada donde está emplazada... un cuarto,
en el que asumo se instalarán los de comunicaciones, adquiere la luminiscente
penumbra vaga de cabina de jet a punto de alzar subrepticio vuelo nocturno a
causa de las titilantes luces provenientes en su mayoría de diodos emisores de
luz en woki-tokis, escáneres, radios con todas las bandas habidas del espectro
radial y otros ingenios electrónicos por mí desconocidos... en otro cuarto
(iluminado con circunspectas luces fluorescentes, hay dispuestos en mesas y
colgados a las paredes todos los mapas, croquis y planos del país(ito),
publicados desde 1967 a la fecha, como para que ninguna chinita se pierda)
permanece tieso de solemnidad y temor un nuevo oficial de los recién venidos de
la Rusia Soviética y que fue asignado por la ubicua dirección nacional como
asesor militar del mando metropolitano...
1743
horas:
paso a otro cuarto y ahí el Chiquitón se acerca a decirme muy en baja voz:
"aquí estará el estado mayor zonal es decir nosotros, el mero mando
metropolitano"... esta estancia asignada al mando luce iluminada con los
focos concisos de las lámparas que los dibujantes arquitectónicos usan y la
penumbra en el lugar contrae un ambiente de vaporosa y subversiva y risueña y
azulina inquietud con mínimas premoniciones castrenses... entre sorprendido y
por la gran puta qué es esto, descubro docenas de casetes originales con música
de Beethoven, Frescobaldi, Scarlatti, Bach, Mozart, Telemann, Vivaldi, Haydn
que nos incitan a los hombres recorrer todas las escalas tonales de las
pasiones divinas y a crear... me llama la atención que varios son grabaciones
de Jean Paul Rampal... ¡aaah, esa era la onda del Chiquitón cuando me convocaba
a charlar sobre música barroca y jazz!... en otros estantes, libros en lujosas
ediciones contienen la magia y la felicidad descubiertas por Balzac, Borges,
Cervantes, Proust, Cortázar, Quevedo, Salarrué, Durrell y Carpentier... y tengo
la sensación que al parecer del Chiquitón esta ofensiva militar será una kermés
de un par de días y mi interior es invadido por un idealista optimismo... en
todo caso, agua y comida se tienen mínimo para un mes de bélico trajín o de
artística bacanal...
1800
horas:
ya debían oírse nutridos disparos y frecuentes explosiones como indicios
iniciáticos del curso público de la ofensiva final... por los woki-tokis no se
recibe comunicación alguna... la tensión del quieto esperar crece... en los
escáneres no se oye nada del enemigo que comunique que algo significativo esté
rompiendo la quietud de los últimos cincuenta años de dictaduras sombreadas o
no...
1817
horas:
ya están más que declaradas las oscuridades de la noche sin luna y con cielo
despejado que hacen posible ver que las estrellas titilan a lo lejos e inspiran
escribir los versos más tristes de una canción desesperada, pero yo espero
impaciente empezar mi trabajo de análisis de la información que vaya entrando
por los artilugios de comunicación del mando... por supuesto el silencio es
información vital que analizar o más bien descifrar... no se escucha que algo
esté ocurriendo...
1820
horas:
por fin se diluye el untuoso silencio que amilana el vitalismo del momento... a
lo lejos se oyen desperdigadas ráfagas de fusil que se ubican en el centro de
Apopa allá por el mercado... una que otra explosión difícil de ubicar por la
lejanía... iluso pienso que en un par de horas o a lo sumo al amanecer, la
capital del país(ito) estará resueltamente tomada por las fuerzas de la
Revolución... no debo entusiasmo puesto que considero a la capital un hoyo de
mierda capaz de tragarnos el mandato como ocurrió hace un año... uno de los
woki-toki comienza a transmitir y la atribulada voz vislumbra un panorama
desconsolador... de pronto vuelve el silencio radial... mi angustia y mi
ansiedad se mezclan... ya no se sabe más de lo que a lo lejos se escucha...
1840
horas:
rompiendo toda previsión, al "puesto de mando" llega Plutarco, quien
comanda la fuerza encargada de la toma de Apopa... bastante alborotado y
sudoroso y con su cara no sugiere buenas noticias y su voz lo confirma al decir
que la guardia nacional con todo y tanquetas ya está entrando a Apopa pues
parece que las emboscadas a cargo del PRTC, unas y otras a cargo del ERP no
funcionaron, que a su woki-toki de un balazo enemigo perdió la antena y ya no
pudo seguir transmitiendo y que considera que de inmediato hay que iniciar la
evacuación del "puesto de mando"... o se aculeraron los cuatro gatos
del PRTC o el Perico Jovel se los llevó a Managua sin avisar y los del ERP se
están desquitando que no los quisimos en la DRU, pienso ya ahuevado y a
continuación con voz cascada pido una pistola y un par de granadas y no sé
quien me dice que no hay...
1845
horas:
escuchado el informe de Plutarco, sin discusión alguna se organiza la guinda...
1847
horas:
la cara se me hace nudo –de horror, encachimbamiento, melancolía, disgusto- al
saber que el armamento para el "puesto de mando" se reduce a la
siguiente dotación: una subametralladora Uzi, un fusil de asalto G-3, dos
pistolas subametralladoras MP-5, dos fusiles de asalto Galil y a lo sumo unas
siete granadas... ¡y por la gran puta, somos veintiuno en total incluyendo a
los compas de seguridad!... por la más simple aritmética, catorce quedaremos
casi desarmados y siete sólo con las puras uñas y dientes para darnos verga...
el número de desarmados adquiere una cabalística premonición de inminentes
desgracias y no porque sean múltiplos exactos de siete los números en juego...
sin ánimo de blasfemar me cago en Dios en cualquiera de sus advocaciones si lo
que transporté en el vergo de barriles cerrados fueron radios, baterías para
radios, lámparas de mesa, un pijazal de libros empastados y casetes de música
clásica y sólo unos cuantos fierros entre fusiles, pistolas y granadas... ¡qué
cagada la del Chiquitón, que fue el encargado de la logística de pertrechos
bélicos para el “puesto de mando”!... de seguro pensó que estaríamos sobrados
para dedicar tiempo y oportunidades al deleite espiritual... ¡de plano que se
la rifa! y lo menos que se ha ganado es una colgada de huevos...
1854
horas:
impartidas las ordenanzas para la ignota marcha que se aguarda, se llama a
formación de retirada... antes de despedirse, a Plutarco se le ocurre repartir
una docena y media de bombitas de pita hechas por los artesanos pirotécnicos de
Paleca y que conjeturo vio -en un estante de la tienda-pantalla del
"puesto de mando"- al entrar al lugar... por lo menos con alguna
bullita -en tono de pachanga menor- podremos responder a los requerimientos del
enemigo...
1859
horas:
en un escenario de tragedia y sueños rotos se inicia la guinda... pronto me
enteraré de cuan corta o larga, heroica o prosaica, llegará a ser...
2050
horas:
casi dos horas subiendo y bajando emociones y laderas desconocidas para mí...
ya deberíamos haber encontrado algún pelotón de los de Guazapa o estar justo al
pie del cerro y el jefe de seguridad considera un alto en la marcha y evaluar
la situación... el lugar resulta desconocido... el cuarto de luna y el brillo
fantasmal que emite cercano poblado me permiten descubrir, desde el charral que
nos cobija, un terreno lindante a escasos metros de mi atalaya y que me parece
una polvorienta cancha de fútbol mascón... veo el terreno baldío como reducción
máximamente prosaica de la lechosidad de la Vía Láctea... esa visión me
justifica el motivo del alto en el camino... como a tres cuadras más allá de la
evidente pelazón vegetal de la supuesta cancha, se ve la nitidez precisa de una
fila de potentes focos encendidos que se mueven... sin duda son luces de
vehículos en sinuosa marcha... el casi simultáneo ruido que las acompaña me
hace deducir que es de camiones en movimiento sobre un camino accidentado... a
estas horas y en estas circunstancias y tomando en cuenta el lugar, sospecho
que debe ser un convoy militar... pese al desasosiego reinante logro atinar que
se trata de siete camiones que no vendrán vacíos... ¡demasiados para el
cansancio o la decepción que me embarga e iluso me pregunto si serán amigos o
enemigos!... pero nuestra marcha no se detiene... ¡es incontenible!... solo es
para esperar el pase por el descampado, que la poca luna me hace seguir viendo
como cancha de fútbol mascón de paupérrima barriada de la periferia de la
capital, para alcanzar el abrigo del charral próximo y más inmediato... sin que
me abandone el azoramiento llegado el momento salgo a la carrera...
2103
horas:
han pasado trece minutos de espera para mi turno de atravesar el descampado
avizorado desde el charral, esta espera es lo que me da la impresión que
detuvimos la marcha... llegado mi turno, me entero por el tacto que hay una
cerca de alambre de púas deteniendo el inicio de mi carrera... vista, tacto y
oído han sido tocados esta noche por el desaliento y el desengaño, dando tiempo
para que emerjan súbitas e inesperadas reacciones... a rastras, como en los
preliminares para copular, paso el cerco de alambre de púas... me levanto
incólume e inicio la carrera lo más agachado que puedo... no sé cómo, pese al
manto oscuro de esta noche, consigo ver aunque silueteados a los que me han
precedido en la carrera y que esperan la llegada del último de la fila para
continuar a lo desconocido de esta guinda jamás imaginada ni prevista al inicio
del anochecer de hoy... el triunfalismo pequeño burgués empieza a quebrarse...
mis sorpresas y turbaciones de esta triste noche aumentan cuando distingo entre
las lúgubres umbras un tapial de adobe que no augura buenos encuentros...
2106
horas:
otros dos se integran a la columna y me susurran la consigna y el número de
orden en la marcha para que los role al de adelante hasta que lleguen a los
compas de la vanguardia... con estos recién llegados quedan seis del otro
lado... de pronto y sin precisar de dónde se inicia una balacera con abundantes
ráfagas de fusiles G-3, acompañada de granadazos que explotan alrededor... la
balacera tiene el sello característico de la guardia nacional en plan de
masacrar... al no poder precisar de dónde viene la balacera la percibo desde
todos los puntos cardinales... aplastante me cae la idea que en un solo acto
llegó el juicio, condena y ejecución de la ofensiva final... dieciséis minutos
habían transcurridos para que quince de la cabizbaja columna gozáramos el brete
de pasar a rastras debajo de la alambrada y luego correr agachados por el
descampado lunar hasta alcanzar el tapial donde de pronto se contendrían mis
sueños... corriendo y brincando a la velocidad de la luz, la refriega nos
conminaba volver al endeble refugio del charral inmediato anterior... qué ley
dialéctica me daría la explicación a lo vivido este día...
2107
horas:
de nuevo en el ambiente del conocido charral, me topo con unos compañeros de
angustias existenciales, entre los que está el Chiquitón... es al único que por
lo pronto reconozco dada la exuberante figura que ni la oscuridad reinante
consigue ocultar y que lo acompaña desde el final de su niñez...
2128
horas:
por veintiún minutos, con asombro de eternidad, corremos entre secos charrales
sin reparar en las hirientes zarzas hasta que la pérdida del aliento nos obliga
descansar unos segundos... ahí reconozco a los compañeros de esta guinda que la
motivación inesperada le dio nuevos alientos para continuar... en total somos
un grupo de siete desprendidos de la columna de veintiuno que inicio la
guinda... es decir catorce andan por allí... vuelve la mágica premonición de
los números a decir algo indescifrable...
2129
horas:
uno del grupo me parece que porta el G-3 que le quedó al "puesto de
mando" y me le pego justo a la zaga como a medio metro... ¡con el G-3 y
los “Polvos de la Madre Celestina” que me eché antes de salir a lo mejor logro
sobrevivir de este deschongue total!...
2154
horas:
hemos corrido y caminado en total silencio lo suficiente para estar seguros que
ningún enemigo nos persigue y parece que la confusión del estrepitoso mal
encuentro fue superada y el raciocinio vuelve... descansamos para tomar un poco
de aire y analizar la situación... es notablemente ignota, concluimos en
cuestión de segundos, pero hay que hacerle huevo... somos siete contra el mundo
y la esperanza renace... yo asumo la conducción del grupo reducido a ampliada
escuadra guerrillera semi-urbana y semi-armada pero con las mejores intenciones
de continuar la lucha... lo primero que hago es preguntar quién conoce el punto
de reagrupamiento... como nadie lo sabe, además nadie conoce esta zona, decido
volver sobre los pasos que nos han traído a este lugar, es decir regresar a
donde iniciamos la guinda es decir a la casa-cuartel del puesto de mando
metropolitano...
2239
horas:
ya volvemos a pisar terreno apenas conocido hace un par de horas y pienso que
en unos veintiún minutos debemos descansar y así hacer que la fortaleza de
espíritu característica del proletario levante nuevos energías al cuerpo
cansado y debilitado de cada uno de los siete y continuar hasta la victoria
siempre...
2301
horas:
la marcha se detiene y la columna descansa unos catorce minutos...
2315
horas:
continuamos la brega... Gerardo, el ingeniero encargado de las comunicaciones
del mando, carga con prolijo y evidente esfuerzo el radio transmisor marca no
sé qué chingadas modelo 301... un lindo radio adecuado y digno en despacho
ministerial o de gran empresario directivo de la ANEP... ¡pero no veo que
alguien cargue plúmbica batería de carro que hace funcionar por un par de horas
el tal radiote en un trance como en el que estamos pasando!... sin batería el
enorme radio se reduce a simple, pesado e inservible amasijo de metal, plástico
y vidrio... por dicha un mal paso en la proximidad de un zanjón y el ingeniero
se libra de tal pesadumbre... se fue rodando al fondo de la desilusión y
recordé que el despistado que compró los radios en Panamá fue el nunca bien
ponderado Chele Jaime... nomás lo vea y sin saludo protocolario de por medio le
diré: “¡sos un gran cerote Chele! y
preparate que vas para el interior y por cordillera y puntos ciegos y no lo
considerés sanción sino oportunidad para que adquirás conciencia práctica
proletaria y por lo mismo será una inapelable pedagógica medida, al menos
conocerás la realidad de los teatros de operaciones en el frente rural”...
sé que no le valdrá verga pues quedará bien sicoseado...
2329
horas:
el compañero del que pienso porta el G-3, camina al frente de la fila india en
proceso de convertir el descalabro en satírico triunfo... ¡qué romanticismo de
la puta madre a pesar que la sensación de derrota persiste y hace más lenta y
penosa la marcha!... para sellar el optimismo crujiente, bajas –muertos y
heridos- ni las imagino... sí imagino que será de mi Vida dentro de veintiún
años si resuelvo salir con vida de este trance.
Luisfelipe Minhero (Autor Independiente Salvadoreño).
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Luisfelipe Minhero.
Autor Independiente
Salvadoreño.
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Blog: luisfelipeminhero.blogspot.com


Alrededor de la última hora de la tarde, de un día como hoy sábado 10 de enero, pero… de 1981, con un siglo XX pendiente aún de recorrer veinte (20) años, el recién constituido en octubre 1980, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), con poca sabiduría y demasiado subjetivo entusiasmo lanzó una ofensiva militar a gran escala -en comparación con los medios y recursos que dispo-nía- y que la sabiduría proletaria llamó “Primera (1ª) Ofensiva Final”. El “entusiasmo” eludido lo perdió para siempre en tan desastrosa e improvisada aventura. Espero que el párrafo que socializo, les motive leer -de punta a punta- la novela. En el párrafo hay una amorosa escena heterosexual explícita.
ResponderEliminarAtentamente,
Luisfelipe Minhero.
Autor Independiente Salvadoreño.